domingo, 9 de julio de 2017

San José de los LLanos, más que palabras.


Hace unos días salí sin rumbo, solo con la idea de pasar un buen rato y dispersar la mente, me fui a conocer un poco más esta tierra donde me tocó la fortuna de vivir, que no solo de nacer, de vivir. Afortunada como yo, me parece toda persona que tenga la suerte de conectar plenamente con el lugar donde habita, sea donde fuere dicho lugar.

Yo pude haber nacido en cualquier parte y ese será para siempre mi lugar de nacimiento, eso no va a cambiar, pero creo que nada asegura la permanencia de por vida en ningún sitio, vivir es otra cosa, algo expuesto en cualquier momento a cambiar. 

Pienso que el sitio donde se viva puede llegar a ser cualquiera, por lo tanto estoy convencida de que ser feliz en el lugar que se vive, conectar con él, sea uno de campo o de ciudad, de pueblo o de urbe, de cualquier rincón del planeta, ese será el mejor rincón, asímismo será una fortuna vivir en él.

Y me fui carretera adelante, sin prisa, con pausas, en paz conmigo misma y con el mundo...no crean que estoy libre de culpas, no, que va, lo que pasa es que como soy humana me equivoco, pero no puedo pararme ahí, sigo adelante intentando aprender. Unas veces aprendo con más éxito y otras con menos, pero tengo presente que la leche derramada
no se puede recuperar, sin embargo, se puede tener más cuidado la próxima vez y que no se vuelque la leche. Sospecho que si uno no aprende, no evoluciona, si uno no evoluciona no es feliz, y si uno no es feliz, ¿qué sentido tiene todo esta milonga que es la vida?, sentir es la razón de ser, de estar.
Y avanzando por mi rumbo sin rumbo, llegué al este del norte... Y es que no puedo evitar seguir la estela de los alisios, ellos que todo lo que tocan convierten en vida, ellos que acarician las cumbres y las medianías, ellos que al campo saben pintar como nadie, de verde clorofila. Como no voy a seguir su estela yo que nací respirando laurisilva, me tira más el norte, aunque me gusta el sur, el norte me cautiva.  Y andando por esos lares en tierras de esta isla, quedó atrás Tacoronte, La Orotava, Icod y hasta Buenavista, y ya en el municipio del Tanque, San José de los Llanos atrajo sutilmente, sí, casi sin querer pero queriendo, nuestra visita. 
El Caserío de Los Partidos, un alto en medio de la nada, una llanura entre altozanos y montañas a la sombra del Teide, al azoco de pinares y floresta autóctona. Sobre un suelo de picón y lava, de tierra sufrida pero agradecida, se ven las planicies bordeadas por derruidas paredes, donde antiguamente se sembraba trigo, y en la actualidad se ve en rededor el paso imparable del tiempo. 
El abandono de los campos antaño labrados, devuelve una imagen a medio camino entre lo que fue y lo que será.  Fue la despensa de muchas familias y será, irremediablemente, parte de la foresta salvaje que crece imparable de regreso a sus orígenes. Desparramadas y casi ya difuminadas en el entorno, vestigios, solo ruinas, de algunas viviendas que fueran moradas de los aparceros, allá en tiempos de otros tiempos. 
En pie, como bandera del recuerdo, se mantiene un caserío precioso por el que no parece haber pasado más que algún invierno, entrar en él te regresa a otro siglo, a otra historia de la Historia. Senderos y caminos que van y vienen serpenteando cual si fueran las venas de la isla, invitan a paseos interminables, con billete asegurado al mundo de lo espectacular, a la belleza espontánea de lo natural.























Mirar, solo podía mirar, ver, oler, escuchar y callar. No me gusta comparar, comparar es medir, evaluar, cotejar todo con algo anterior. Creo que cada tiempo hay que dejarlo en su Tiempo, cada momento en su momento, cada cosa, cada acto y persona en su lugar, en su circunstancia especial, esa fue, esa es, su razón de ser, es lo que tiene evolucionar. Al final, lo que cuenta es disfrutar del momento, ese que es cuasi efímero en su duración, y que tenemos seguro solo cuando pasó.
Parajes bellos de esta parte del mundo, mi intención solo es compartir, llevarles un poquito de vida de la que yo me nutro, espero que les agraden las vistas.

                                                    Gracias y buena vida...
























© María Rodríguez 2017
Imágenes y palabras, momentos de vida.
                                                        Álbum San José de Los Llanos Flickr


martes, 11 de abril de 2017

Pino Daeni. Pinceladas de realidad



 Dicen los que entienden más que yo de habilidades artísticas, que este pintor tiene un don, y es que destila arte por sus venas. Este señor, Pino Daeni, domina perfectamente una capacidad natural, plasma magníficamente con su pincel, la sinuosidad de los movimientos, de los pliegues, de los gestos... la cadencia del viento moviendo las telas, agitando las cabelleras... Plasma en sus trazos, como un hilo invisible que conecta de alguna manera con la realidad de la imagen. Luz del Mediterráneo envuelta en amor, tibieza, en añoranza y familia. En ese marco de sensibilidad exquisita desarrolla su obra este virtuoso del detalle. Me encanta.

                          ... resonancias del eco de la vida 
                                   tibia estampa, la del atardecer...
                               siempre vuelve el polvo al camino 
                                  siempre el sol se vuelve a poner...


                                              María Rodríguez 
                                          Gracias por estar ahí   














lunes, 10 de abril de 2017

Río Credit en Ontario

Ubicado en una de las regiones más pobladas densamente de Canadá, la cuenca del Rio Credit contiene algunos de los paisajes más diversos en el sur de Ontario.




Algo más que un jardín


Las manos de mi madre ya no van tanto al jardín, pero todo está a su gusto. Cuando se lo permite el cansancio crónico de la edad, mi madre entorna la llave del grifo y deja que un chorrito de agua fluya por la manga, despacio, sin casi presión... Dice mi ma que así la tierra se empapa mejor, que se gasta menos agua y que además ella disfruta del momento... Me parece haberlo comentado más de una vez, mi madre es mucho de plantas, de jardines, de macetas, es mucho de amor a la tierra, a la naturaleza... Ayer tomé estas imágenes, mientras mi ma y yo hablábamos de sus plantas y de lo lindo que tiene el jardín, Estrellita rondaba por entre las flores y nos observaba cautelosa... Momentos para no olvidar...

María Rodríguez
Tiempo de sentir 
Graciass, muchas...

domingo, 9 de abril de 2017

Me puso un reto. Tiempo de aromas

Saben lo que me dijo: explícame a qué huele el amor... y ahí lo dejó. Y es que no pude evitarlo, mi respuesta voló veloz al universo de los pensamientos espontáneos. Lo tenía clarísimo, el amor huele al ser que amas... el amor huele al lugar que amas... asimismo además nos trae aromas del dios al que se ama, o al de la energía esa en la que creemos y a la que de plano nos sale amar.
Y entonces me vino otra pregunta, ¿y cómo saber quién es ese ser, ese lugar o ese dios, esa energía? Muy fácil pensé, no puede tratarse de otro, tiene que ser aquel dios, energía, lugar o ser, que da felicidad a mi propio haber. Esto es una opinión muy personal, muy mía, muy de María, yo solo soy aprendiz de cada instante de vida, de la experiencia misma. Lo que quiero decir es que si pienso en el amor, se me vienen a la cabeza personas a las que amo y me aman, me hacen feliz, el amor me huele a ellas... animales que dejaron una huella imborrable en mi existencia con su presencia, llena esta de ternura y de vínculo, de aromas de amor... lugares en los que he sentido deleite a raudales, enclaves bellísimos en su estado más natural y salvaje, o simplemente  en su estado, exhalan aromas que ya siempre me traerán reminiscencias de amor... y si existe un dios o energía, o como se quiera llamar, no los concibo más que como infinito amor, fragancias a fe, a ilusión, a consuelo, a momentos cargados de emoción. Y es que el amor en estado de sana naturaleza se envuelve de infinitas esencias, de incontables perfumes.
Pero ¿saben qué?, yo creo que quizá el reto que me hizo iba también por otro camino. Cuando me dijo "explícame a que huele el amor", creo que se refería también a otra cuestión. Intuyo que aludía no solo a un olor empírico, a las fragancias conocidas ya, no. Yo pienso que me reta quizá además a una respuesta más subjetiva. El amor en otro plano, el de la conciencia, el que es y permanece en el mundo atemporal e impersonal, en un marco no circunstancial, está en la vida y para la vida.  
Realmente es todo un desafío separar amor de sentimiento, pero si quiero atisbar a que huele ese Amor, debo dejarlo solo. Que no esté subyugado a cambios según vaya dirigido a diferentes seres humanos, o a otras cuestiones. El amor con mayúsculas, el que existe envolviendo la nada y el todo, ese, ese para mi rebosa aromas de paz, esencias de lo verdadero... huele a estado de conciencia permanente, a percepción de presencia en el instante presente. Huele al viento, viajero incansable que no tiene fronteras y va más lejos de lo establecido, más allá de lo instituido. El amor tiene fragancias de momentos maravillosos enmarcados por la sencillez más natural, más simple y original. El amor huele a vida.
Desbordada por el propio sentido que quiero dar a mis palabras, soy incorregible. Y es que yo creo que me atrevo con desafíos para mentes más preparadas que la mía, referir el olor del amor no es tarea baladí. De cualquier manera me lo preguntó, he aquí mi respuesta, no sé qué opinaran ustedes. 

María Rodríguez 
Gracias y un saludo.