lunes, 6 de febrero de 2017

Compartiendo belleza. Astrophytum Capricorne.

Mike Keeling https://goo.gl/Dk9U2d

Creo que un halo de sensibilidad especial envuelve a algunos seres humanos. Estos son capaces de captar la esencia de las cosas, de todas las cosas, de las vivas y de las muertas, de las eternas y de las efímeras, de todas. Estoy convencida de que si una persona es sensible para detenerse a observar los detalles más pequeños, está capacitado para ver el resto. Aunque soy realista, y entiendo que llevamos implícito en nuestro ser la humana imperfección, y es que sin ella no seriamos humanos más bien seríamos máquinas, autómatas.

Mike Keeling https://goo.gl/Dk9U2d
esencialmente sensibles. Yo amo la naturaleza, y me deleito, me regenero, me lleno en los entornos naturales. Me gusta observar los detalles, las pequeñas cosas, y esta es muy pequeña, muy de las esencias mismas del ser. Porque entiendo que todos los seres vivos tenemos un ser, y de él venimos. 
Su nombre vulgar es Cuerno de cabra o Biznaga de estropajo, el científico Astrophytum capricorne. Es de la familia de los cactus para entendernos, y estas imágenes son de sus flores. La persona que las sacó, Mike Keeling, tiene a mi manera de ver una exquisita sensibilidad para las plantas. Aunque yo creo que él busca más engrandecer lo que nos muestra la imagen, que a sí mismo. 

Mike Keeling https://goo.gl/Dk9U2d
El valor máximo, para mí, que tiene una imagen, es lo que me trasmite en su conjunto completado con los muchos detalles implícitos. Básicamente lo que me hace sentir al mirar y percibir. Espero que a ustedes les agrade mirarlas también, el sentido de la vista es un incalculable don, a través de él uno se nutre de alimento para miles de sensaciones, de todas, buenas y malas. Hoy hablo de las buenas, las que uno percibe al mirar algo agradable.

... un saludo y gracias por tu visita...
María Rodríguez
  
Mike Keeling https://goo.gl/Dk9U2d
Mike Keeling https://goo.gl/Dk9U2d
Mike Keeling https://goo.gl/Dk9U2d
Mike Keeling https://goo.gl/Dk9U2d
Mike Keeling https://goo.gl/Dk9U2d
Mike Keeling https://goo.gl/Dk9U2d
Mike Keeling https://goo.gl/Dk9U2d
Mike Keeling https://goo.gl/Dk9U2d
Mike Keeling https://goo.gl/Dk9U2d
Mike Keeling https://goo.gl/Dk9U2d

domingo, 22 de enero de 2017

Reflejos de Vida




¡Qué cosa esta del buen hacer, del respeto, la educación, las buenas maneras!... No hablo del respeto como sumisión, ni de la educación como disciplina, ni tampoco de las buenas maneras como protocolo de actuación, nada de esto se aprende, es otra historia. Es algo que sale de los adentros, de lo más adentro que uno pueda tener, allí donde no hay más allá, donde uno no se hace ningún ninguna pregunta, ningún porqué. En ese lugar donde se empieza a cocer nuestra conducta más natural y espontánea, sin dudas ni recelos, porque tenemos absolutamente claro que eso es lo que nos pide nuestra más sincera, ingenua e innata voluntad. Lo que viene siendo actuar bien porque le nace a uno. 

Miren, no les he contado pero yo participo de un grupo musical, el mismo tiene dos secciones, un coro y una orquesta... En total el conjunto se monta con 62 componentes. Misma cantidad de cerebros pensantes y de voluntades actuantes. Yo me incorporo a la orquesta, aunque comparto con todo el coro una buena, muy buena relación.
Cada uno de nosotros, chicas y chicos, inédito y difícilmente irrepetible, navega en un mar de cuestiones muy propias de ese cada uno: satisfacciones y problemas, incertidumbres e ilusiones, apatía y emociones, alegrías y penas,... Un interminable sinfín de cualidades, maneras, talantes, estilos, actitudes, de procederes innumerables. Pero adivinen, ¿qué está por encima de todo eso?  ¿Qué hace a una persona ser especialmente especial?  Pues bajo mi personalísimo punto de vista, esa cualidad innata que emerge de cada uno, resulta de ser bienhechor y positivo, porque considero que no existen malas o buenas personas, si no que más bien emanan malos y buenos procederes. 

Y es que en este grupo de personas tan dispares yo me he encontrado con gente extraordinaria, no porque sean grandes eruditos en cualquier materia, ni porque sean adinerados, ni tampoco porque posean impresionantes bellezas físicas, no, nada de eso. De los detalles más pequeños han resultado las sensaciones más agradables. Aquí no hay un compromiso ratificado con un contrato, ni una obligación que exija, aquí la gente actúa como le pide el cuerpo, y parece que les pide buen hacer, respeto, educación, amabilidad, buenas maneras...Compartiendo ensayos y actuaciones, descubro en cada uno de mis compañeros, un ser único diferente en sí mismo pero comprometido, al margen de su propia idiosincrasia, en un mismo fin, hacerle la vida más agradable al prójimo.   Todo ello dando como resultado, un feedback, un reflejo de lo que da cada uno, que confluye en un ambiente cordial y agradable que ocasiona un tiempo de vida disfrutado doblemente. Es decir, recibe uno no solo la recompensa maravillosa que aporta la música a nuestras vidas, sino además la sensación de tranquilidad, de paz interior, de disfrute, que genera un comportamiento por naturaleza asertivo desde la emotividad, y la buena onda sincera. Sin imposiciones maduradas, ni con una sensiblería cargada, son así, a estas personas les nace ser así, y todos con esa actitud, disfrutamos mucho más la vida. Yo observo, y no descubro ningún esfuerzo especial, ni atino a ver que nadie este sacrificando nada en el acto de ser buenos Seres Humanos, todo lo contrario, todo el mundo está relajado, disfrutando. Y me pregunto si tan fácil es, ¿por qué no abunda más esta práctica?... ¿Por qué no vamos por el mundo, sabiendo de lo limitado de nuestro tiempo, siendo presencia innatamente asertiva? Sin pisar, sin arrollar, sin malpensar, sin tanto guardar...Dedicados en pleno a afrontar que tienen que haber problemas, pero que básicamente aquí a lo que venimos tiene que ser, me parece a mí, disfrutar.

En definitiva les digo que esa voluntad de la que les hablaba al principio, es básicamente ser un "Ser Humano", no hay sentido más verdadero que ese para justificar nuestra permanencia limitada en este viaje que es la Vida. Estoy convencida de que esa es la puerta que nos permite pasar al salón de los sentidos más válidos, el amor, la alegría, el Bienestar vamos. Un saludo y que tengan una buena semana. 

...Gracias, es de bien nacidos ser agradecidos...
María Rodríguez





martes, 10 de enero de 2017

Cosas que no se compran ni se venden



Y tocaron a su fin las fiestas, y pasó la navidad como pasa todo en esta vida. Días de amor y de buenas intenciones, días de reencuentros emotivos, de copiosas comidas en familia, de regalos, muchos regalos...Me quedo con todo, con cada agradable momento que estos entrañables días me han brindado, por supuesto. También me quedo con la sensación de que los seres humanos nos perdemos en una nebulosa condenatoria, esa que nos absorbe inevitablemente hacía un consumismo loco, sin sentido racional. Una vorágine que a los que tienen algo los deja sin un chavo, y a los que no tienen desangelados con el sabor amargo del que quiere pero no puede. Sin contar con los que no teniendo se endeudan por el resto del año para cumplir con el expediente, doblegándose así ante la máxima esa tan arraigada de: cuanto más consumo más feliz soy, yo y los que me rodean.
Ya saben que yo vivo en España, más exactamente en Canarias, pero para el caso me influencian naturalmente las costumbres españolas, y aunque sé que en muchos otros países se celebran estas fiestas, también sé que en muchos de ellos la connotación consumista es menos agresiva, más simbólica, que es como debiera ser bajo mi personalísimo punto de vista. Miren, aquí en este país hemos llegado a cotas desmesuradas, nos hemos dejado envolver por una costumbre que dista mucho de su real connotación. Los Reyes Magos atienden a unas figuras de origen católico, que arrancan de los relatos sobre el nacimiento de Jesús. Pero curiosamente, en ningún lado se les pone nombre, en ningún texto de la Biblia me refiero, de hecho solo Mateo los nombra en el libro sagrado de los católicos, pero incluso él deja muchos cabos sueltos que el tiempo y las conjeturas varias han dado en amarrar con poca credibilidad histórica, tal que si fuera una costumbre ancestral dada al dispendio mercantilista. La historia relata como unos magos, que se dan por ser tres atendiendo a que ese era el número de regalos que traían, los mismos de gran riqueza simbólica oro, incienso y mirra. Estos doctores de la Iglesia o sacerdotes eruditos en el Antiguo Oriente, iban siguiendo una estrella y tras la estela de esta caminaban hacia Jerusalén en busca del Rey de los Judíos que había nacido en Belén. Aquí, en España tuvo que llegar el siglo XIX (19) para que se instaurara el día señalado del 6 de enero, como fecha propicia para dar curso a una fiesta infantil cuya característica principal era la dádiva de algún regalo a los niños. De esta manera nacía el símil de San Nicolás, aunque quizá lo conozcan mejor por el nombre de Papá Noel o Santa Claus, el mismo ya era tradición en otros países. Desde aquí los Reyes Magos darían el gran salto a otras patrias de habla hispana.
Yo no quiero poner ninguna nota discordante, y ante todo vaya por delante el respeto hacia las tradiciones, hacia la historia, hacia la religión que cada uno elige, incluso hacia la decisión que cada uno toma de gastarse los cuartos haciendo regalos por doquier, nada de eso. Yo hago solo una reflexión en voz alta sobre el consumo excesivo y muchas veces innecesario, todo ello abducidos por una vorágine de publicidad harto pendenciera, que nos obnubila, nos saquea la razón además del bolsillo. Yo me abstraigo en mis pensamientos intentando encontrarle un sentido racional al hecho de cíclica añera, que cada diciembre nos hace volvernos locos intentando encontrar y comprar regalos para nuestros seres queridos, a la vez que ellos hacen lo propio por nosotros. No importa que en muchas ocasiones ni les guste, ni necesiten ese regalo, tampoco importa que las condiciones económicas de cada uno no sean las más adecuadas para el hecho, ni que nos importe un colín el motivo intrínseco que enmarca la costumbre, es evidente que hace tiempo nos hemos ido desmarcando de él.
Realmente lo único que importa es que a la llegada del cinco de enero por la noche atesoremos regalos varios, con el fin de hacer felices a chicos y grandes a la entrega del presente comprado con nuestra mejor intención. Pero no crean que es una empresa fácil esa, en ella invertimos nuestro tiempo y nuestro dinero y no tenemos ni mucho menos garantizado el éxito. Se complica aún más la cosa cuando en este país tan dado a adoptar costumbres de otras culturas, además recibimos a Papa Noel cargado de regalos.
Miren, yo no hablo de vivir en la pobreza, ni de renunciar a tener esas tantas cosas relindas que ha traído la evolución, yo hablo más bien de tener mesura, de ser coherentes, de actuar con sensatez. Hablo de que con un poco menos de cachivaches, con un poco menos de cosas materiales, seríamos tal vez un poco más felices. Hablo de que tener más no da el bienestar porque es evidente que el que más tiene más quiere, y nunca se llena. Hablo de que el ser humano viene desnudo y se va igual, hablo de que nuestro tiempo de vida es lo más valioso que tenemos y lo hipotecamos para pagar esas cosas materiales de las que nos queremos atiborrar. Los humanos en su mayoría trabajamos pila de horas con el fin de ganar dinero para comprar cosas, para pagar, cosas que nos hagan la vida más agradable, cosas que regalar a los demás.  A cambio brindamos ausencia a las personas que queremos y que nos quieren, a cambio nos privamos de hacer aquello que nos agrada más, leer , pintar, pasear, conversar, jugar, descansar, desmontar y montar, investigar, cocinar, simplemente observar... yo que sé cuántas vivencias maravillosas, actos que nos alimentan el alma de sensaciones intrínsecamente humanas. Experiencias de vida que nos harían seres más felices, más sanos, más prósperos de aliento, de energía, de fuerza, de espíritu, y no de estrés, de insatisfacción, de desigualdad.
No me tengan a mal esta reflexión porque no les culpo del ostracismo del vivir que padecemos, sé que hay una máquina poderosa, muy poderosa, que nos arrolla, que nos atrapa en su engranaje, una máquina inmensa que establece un estilo de vida muy oportuno para que unos pocos se enriquezcan descomunalmente, mientras el resto aporta el combustible sin parar de remar. Pero lo curioso de todo esto es que al final todos somos humanos, básicamente humanos, aunque algunos puedan no parecerlo, y los humanos como tal somos seres sintientes, nos partimos el lomo buscando la felicidad, y eso amigos míos, la placidez de concebirse gratos por dentro, en paz espiritual, eso ni se compra ni se vende, ni se regala, ni se da, eso se experimenta, se adquiere con lo más sencillo, se gana sin afán de agenciar. Igual estoy equivocada, igual, y quizá el sentirse bien con uno mismo siendo esencialmente humanos se puede comprar, apúntenme por favor la dirección, el lugar, el establecimiento, el centro comercial, el banco, o negocio donde lo puedo ir a comprar.

...Gracias por haber estado aquí...
María Rodríguez