domingo, 3 de enero de 2016

BUEN AÑO, BUENA VIDA... De vientos y esencias.Punta del Hidalgo Tenerife



Saben lo que me planteó, ni se lo imaginan... Me dijo te voy hacer una pregunta que te va a volver loca, es capaz de eso y de mucho más, así que me quedé atenta, y me soltó: " ¿a qué huele el viento?". Tardé dos segundos en saber la respuesta, de verdad, no es como si te dicen ¿de qué color es el mar?, este puede ser de varias tonalidades azules o grises, para mí fue como si me preguntara el tono que tiene el negro, solo hay una respuesta, negro. Pues eso, yo tengo solo una respuesta para esa pregunta que me hizo. Pero curiosamente no le respondí, le dije ya te lo diré. No sé si alguno de ustedes se habrá hecho alguna vez esa pregunta, es que yo conozco gente muy especial, los tengo como oro en paño porque me ayudan a crecer, a evolucionar como ser humano. Me hacen cuestionarme cosas de lo más sencillas de la vida, lo más mundano ya saben, por ejemplo a qué huele el viento. Yo lo veo de la siguiente manera, lo cual no quiere decir más que eso, como yo lo veo, cosa poca esa. El viento son miles de briznas, o sea millones de fragmentos muy pequeños de aire, de las moléculas que forman a este, cada una de esas moléculas puede venir impregnada de diferentes aromas, al café que prepara mi hermana,  la retama que está en el jardín de mi madre (espectacular por cierto), el orégano en La Mesa Vargas allá por Solís, el mar en la playa por dónde camina la amiga Grace viendo el Cerro Pan de Azúcar, a menta cuando alguien llega a tu lado y se acaba de lavar la boca... En fin, una gama innumerable de aromas que nos trae el aire, eso es así, y a mí personalmente los olores me condicionan, porque si enlazo alguno a algo, ya me queda para siempre, y cuando vuelva a percibirlo, por ejemplo el olor a menta recordaré inmediatamente aquel algo, que pudiera haber sido un alguien, eso me encanta... Bueno pues va a ser que no, el viento es otra historia, él va por libre, es tan constantemente independiente que no podemos percibir a que huele, nuestros receptores oloríficos se acostumbran al rápido entrar y salir de aire y ya no reparan en detalles, para que me entiendan es como el roce de la ropa, de tan constante la percepción, la piel o mejor el sentido del tacto ya no repara en detalle y absorbe todas las sensaciones como una sola constante, o ponerse unos zapatos nuevos, al poco ya se adaptan al pie, y ni los notas. Quizá no me he explicado bien, disculpen si es así, en resumen y empíricamente "el viento" a la velocidad que va no nos permite olerlo. Yo respeto todas las opiniones, que a su vez respeten la vida claro, y esta opinión que yo les he dado es la suma de dos y dos son cuatro y punto. Ahora bien, sabiendo que en condiciones de pureza el viento no huele a nada, si viene de algún sitio de este planeta ya no puede tener pureza, imposible, porque la vida y la muerte rezuman por todo él, y las dos cosas huelen, todos lo sabemos. Es una cadena, la muerte huele a continuidad, puesto que nada acaba en este mundo, en este planeta, quiero decir que siempre hay una subespecie que se nutre de la especie anterior y "sigue la vida"... ¿A que huele la vida? A todo, "huele a todo", nada se le escapa, todos los aromas del planeta, del universo, de la existencia en su mínima parte están dentro de ese todo, también el de la muerte, que si lo miran bien es lo más sano de existir. Imaginan que nada muriera, ni los otoños, ni los días, ni los ríos, ni las guerras, ni los éxodos de hermanos..."ni las personas". En fin, partiendo de esa premisa el viento que es en presencia portador de partículas de aire, en esencia es dador de vida, embajador de todas las naciones, de todas las tierras por más lejanas que estas sean y mensajero de lo más básico del existir, él trae el elixir que nos permite estar vivos "con esencias" de todo lo que existe, cuán importante el viento que trae hasta mi la naturaleza de todo, desde lo más espiritualmente supremo e inimaginable hasta lo más sencillo e importante, Tú. 


...Gracias por tu tiempo de vida
María Rodríguez...