domingo, 17 de enero de 2016

Gracias... No hay por qué, dejar de darlas. De árboles, palmera canaria, algarrobo y pata de elefante.


Hubo una época de mi vida en la que dedique mi tiempo, a un proyecto en el que lo más importante, para que fuera rentable, era el "feedback" entre el resto del mundo y yo. Le dediqué varios años al tema, y aprendí lo que no está escrito del ser humano, en la variedad está la sabiduría, en las ganas el aprender, pilares para mí en esa experiencia de vida desde el minuto cero. Me empapé de todo, de lo bueno y de lo no tan bueno, y de cada cosa, sacaba hebras para tejer mi propia madeja. Hoy recordé algo que me decía una de aquellas personas que conocí,  cuando yo le daba las gracias, por lo que fuera, me respondía "¡no hay por qué!..." y hacia como un paroncito, entonces yo intentaba justificarme de porque las daba, me interrumpía de inmediato y con un aire de cadencia remataba la frase diciendo, "...¡dejar de darlas!". Yo sonreía atendiendo a su mirada, que sin decir, "decía", y ya no hacían falta las palabras... Miren yo creo que tanto no cuesta, y que si a mí me gusta que me las den, puedo suponer que a los demás les pasa lo mismo, sencillo. Hace unos días tomé esta imagen, el algarrobo se secó, un rayo partió su tronco, pero ahí está rememorando,aumenten la imagen y verá una corteza singular, una palmera canaria que vi nacer, y un árbol pata de elefante, que llegó chiquito y ya está enorme... Miren, es que quiero darles las gracias por tanto que me dan, esas vitaminas para el alma que de manera dosificada ustedes me inyectan con su presencia, con sus comentarios, ya saboree el agradable deleite de sentir la cercanía, el cariño, la educación, el respeto... Ahora ya no concibo mi vida sin saberlos por aquí, discúlpenme que solo les de lo que mi circunstancia de vida, empírica, me permite. Gracias desde lo más sincero de mi alma, un afectuoso saludo para todas y todos, buena tarde y que se haga cada vez más agradable y duradero a medida que pasa a convertirse en semana.

...gracias por su tiempo de vida...
María Rodríguez