domingo, 27 de marzo de 2016

De excursión al Paisaje Lunar - Tenerife



Tomé estas imágenes ayer en el parque nacional del Teide, no me canso de esta maravillosa naturaleza. Nos fuimos de excursión, esta vez el grupo era más nutrido, en cada nueva ocasión lo es más, me encanta... Nuestro destino El Paisaje Lunar en Vilaflor, al sur de la isla, ya saben Tenerife en Canarias, a veces olvido que no todo el mundo sabe dónde están estas pequeñas islitas que se dejan arrullar por el Atlántico. 

Nos trazamos como meta salir en la mañanita, también nos propusimos pasar un día estupendo en el que todos disfrutáramos el placer de la buena compañía, la naturaleza, y el bien estar que todo ello proporciona. Miren, no sé qué es más lindo si el trayecto para llegar hasta el sitio, o el lugar en sí... Primero camino, luego senderos. Dejamos los vehículos en un campamento a una hora y pico del destino, por entre pinos canarios de todas las edades. A uno se le pasa por la cabeza si por aquellos senderos hace muchos años pasaban los habitantes de la zona, Vilaflor, Fasnia, Arico son pueblos que rodean el enclave, y les digo que el monte no era un lugar de esparcimiento como lo es hoy, antiguamente unos cuarenta y pico años atrás, la montaña era una despensa para las personas. El sendero tanto tiene lomas a pleno sol como llanos por entre la fronda, un espectáculo de verdes, azules y blancos, adornando una tierra residuo de volcán, que va desde el negro hasta los ocres más claros. No crean que somos expertos caminantes, pero el tramo es "hacible" y hasta mi sobrino de seis años recorre el trayecto sin una queja, todo lo contrario, va y viene en un incansable sin parar el chiquillo, maravilloso.

 Y se nos apareció el paisaje, la última vez que estuve la neblina reinante no me permitió ver el entorno, pero hoy el día es claro, luminoso. El aspecto que toma el relieve se debe a la erosión de los agentes atmosféricos, es decir el viento, la lluvia, el sol, cada uno es su medida desgasta el terreno y deja a la vista una zahorra blanquecina, amarillosa, naranja y seguro que ustedes le encuentran algún color más, que sumado a la forma que toma el montículo, aparenta un paisaje de Marte, o de la Luna, un sitio poco Terrícola, vamos. No sé si con las imágenes les puedo trasmitir lo que se siente estando allí, pero algo por dentro le dice a uno que está en el sitio correcto, un lugar de encuentro personal, que hay que disfrutar cada segundo.

Regresamos sin prisa, disfrutamos recargamos pilas, y en la tarde tomamos la vía que atraviesa el parque nacional del Teide para volver, pasamos por sus faldas, y vimos otra vez la nieve, ya en menos cantidad que días atrás, pero el aspecto era ensoñador, un sinfín de motas blancas de todos los tamaños salpicaban la infinitud de las lomas y los llanos, relindo con ganas. Vimos también un atardecer hermosísimo que dibujaba el ocaso más bucólico que se puedan imaginar... Espectacular el día, detrás de cada encuentro con la naturaleza, hay una experiencia de vida enriquecedora. 

...gracias por tu tiempo de vida...
María Rodríguez