miércoles, 13 de abril de 2016

De mirar y Ver... Atardecer sobre la comarca nordeste de Tenerife


Me senté en la mesa, literal, en mi escritorio, y me quedé mirando por la ventana. En lo que abarca mi vista, puedo ver el verde del campo, el azul del cielo, y hasta el añil del mar. También veo blancos y ocres, son de algunas casitas que salpican el valle de presencia humana... Repito, hay muchas cosas que mi visión, esa que me procuran mis ojos sanos, abarca desde donde me encuentro. Reconozco que soy una privilegiada de la vida, por muchas cosas, por ver lo que veo desde mi ventana. Entretenida en disfrutar no solo del matiz, sino de la planta que lo procura, ¿saben cuántos tonos de verde he llegado a distinguir?  Dieciocho, seguro que repetí alguno, pero incluso diría que no. ¿Y el cielo?, ese va por libre, cambia de tonalidad a cada segundo del día, todo depende de cómo lo influyan la hora y el clima. Piénsenlo un segundo, rememoren los millones de colores que vemos cada día, la infinidad de formas, de símbolos... Múltiples escenarios inundan nuestra cotidiana vida cada momento, colmando nuestros ojos de información visual que tras un proceso neuronal, llega a nuestros cerebros y da curso ayudando a la formación de nuestros pensamientos. Maravillosa alineación biológica, la que nos aporta lo básicamente necesario para relacionarnos entre nosotros y con el medio, la que nos permite disfrutar en plenitud de todas las maravillas que nos brinda "el estar vivos". Y entonces, el ser humano se supera a sí mismo, y se adapta a cualquier carencia en sus percepciones más básicas, oír, tocar, oler degustar, "ver". En fin, todo esto porque hace unos días conocí a una persona ciega, nada, no ve nada de nada, es ciego de nacimiento, y curiosamente yo nunca había conocido a nadie así, tengo un familiar lejano que es ciego, pero él perdió su visión siendo ya adulto, por un accidente laboral. Primero me planteé lo extraño de haber visto personas ciegas toda la vida, pero no haber tenido amistad con ninguna a lo largo de ella. Posiblemente por la misma razón por la que muchas otras personas están por el mundo, a la par que yo, y tampoco las llego a conocer. Luego de valorar mi primera cuestión, me vinieron las reflexiones más importantes. Naces ciego en un mundo donde la luz, los colores y las formas, están ahí para ser vistos, y sin embargo vivir a oscuras también es extraordinariamente posible. Este nuevo amigo mío, que además es compositor y cantante, desempeña sus actividades cotidianas, es decir vive, en plena adaptación a su medio, su cotidianidad se desenvuelve en un mundo de olores, sabores, sonidos, tacto... Pregúntenme si he notado que este ser humano extraordinario se ha achicado ante su circunstancia personal. Nada más lejos, él hace su vida independiente y lucha como cualquiera por hacer camino al andar. Por eso yo me cuestiono si soy consciente, creo que debería plantearme abrir los ojos y mirar más allá de lo que veo, más allá de los colores, las luces y las formas, mirar no fuera, divisar lo que hay dentro, sentir más que observar. Cerrar los ojos y valorar, agradecer, apreciar o mejor amar, amar cada minuto de vida que me brinda la oportunidad de disfrutar, de ser feliz, de recibir y de dar... Gracias, muchas, a Todas y Todas, gracias a Ti porque siempre estas.  
Comarca Nordeste de Tenerife
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