domingo, 29 de mayo de 2016

De Tajinastes y Retamas... De sentir lo eterno. El Teide - Tenerife


Ya saben que vivo en Tenerife, y que si me subo en mi coche y pongo rumbo al Teide, en una hora ya estoy en sus maravillosos parajes. Pues valorando los privilegios que disfruto dado el lugar donde habito, cada vez que puedo y mis circunstancias me lo permiten, me doy un paseo hasta ese hermoso Parque Nacional. 

Es rara la ocasión en que no subo por esa carretera del pueblo de La Esperanza, la cual me lleva sinuosamente al Teide, la que cruza campos que antaño fueron mares de trigo, y no piense lo mismo. Una misma reflexión, como un rito: "estoy llegando a un lugar declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad con categoría de Bien Natural". Pudiera pensar quien me escuchara que es una tontería, pero siento que se agudiza mi respeto, mi empatía, que miro con ojos de Mundo, como del resto de la humanidad diría. Es que no puedo dejar de sentirme afortunada, pero no solo de tener tan cerca estos lindos parajes, también de haber aprendido a valorarlos. Dos maneras de apreciar este tesoro, la que encierra como espectáculo hermoso de la más espontánea naturaleza, y aquel valor que se me hace tiene como símbolo de magnífico espectáculo geológico. Esa valía que para tantos seres humanos resulta del deseo que se nos presenta, cuando descubrimos algo hermoso y está lejos de nuestro alcance. Esas cosas a las que damos un valor especial que adoptaron por si solos, únicamente por existir, por ser, por estar: un riachuelo, una playa, un bosque, un pico, un volcán, un mar de nubes acariciando unas montañas, una llanura, unos lagos...en definitiva un lugar natural.   
En esta época del año, cuando la primavera tercia a doblar la esquina de su ocaso estacional, los motivos para subir a al Teide añaden un incentivo espectacular. Los rojos Tajinastes y las blancas retamas asoman por doquier, dejando en la mente la visión de un recuerdo indeleble. El esbelto Tajinaste que se erige cual pirámide, toma un tono purpúreo al brotar las inflorescencias, para terminar en ese escarlata cual si fuera sangre de vida. Unas plantas carentes de ramas que brotan de la lava, y señalan al cielo, al majestuoso sol, ese que las llena de vida. Y qué decir de la retama, blanco mar de brotes enracimados de agradable aroma dulzón y delicado. Ambas endemismos de estas tierras, una más común la otra especial y rara. Deleitan a todo aquel que las admira con el sentir de lo efímero, lo hermoso, casi lo mágico, lo irrepetible, lo perfecto, lo que se va pero ya nunca borramos del recuerdo.
Sentí la necesidad de mostrar lo que mis ojos estaban viendo, de compartir sensaciones, sentimientos. Miren, no son solo las plantas, la lava, o el color del cielo, es el todo de un lugar que parece de otro mundo, de otro tiempo. Se escucha el canto de algunas aves, el sonido entre los pinos del incansable viento, pero lo  más impresionante es el bullicioso eco del silencio.

 
Retamas en El Parque Nacional del Teide - Tenerife
Pienso definitivamente, que cuando la sangre que anega nuestras venas se seque, y nuestros huesos como polvo vuelvan a la tierra, quizá entonces, en el silencio de lo eterno, recapacitemos.  Será en esa unión única de lo efímero y lo perpetuo, que tal vez lleguemos entender que nada nos pertenece, que la Tierra es una casa carente de casero, que solo tomamos prestadas algunas cosas por un tiempo. Si acaso es lo contrario, que la Tierra en la inmensidad del Universo, el tiempo, y nuestras acciones, esos sí pueden tener el poder de erigirse en nuestros dueños.
...gracias por tu tiempo de vida...
María Rodríguez

Tajinastes en El Parque Nacional del Teide
Retamas en El Parque Nacional del Teide - Tenerife
Tajinastes en El Parque Nacional del Teide
Tajinastes en El Parque Nacional del Teide
Tajinastes en El Parque Nacional del Teide