miércoles, 11 de mayo de 2016

De Trenes y de Vida. Animas River


Cual si fuera un tren que avanza siguiendo el cauce de un río, su vida evoluciona, va pasando, serpentea cada minuto su propio camino. Es de mucho escuchar, y a veces cuando hablamos de todo y de nada, y yo me pierdo en las palabras sin parar de hilvanar, las horas se nos hacen minutos, y los minutos, cual rima espontánea, parecen volar. Yo creo que el convoy de su vida solo se ha parado dos veces, únicamente dos estaciones hasta ahora, cuando arrancó, y cuando se subió.
Es que yo creo que uno no es consciente de su propia vida hasta mucho después de nacer, nuestro tren arranca en la primera estación cuando principiamos al existir como molécula, y la siguiente parada será, cuando sientes que la existencia es un viaje, porque experimentas haberte subido en él. Me refiero a ese momento en el que ya percibes las vibraciones de los raíles, no bajo tus pies, sino bajo "tu" ser. Y llegan los plácidos y agradables tramos, donde la vida pasa sin sobresaltos, nos invade ese bienestar de andar por casa, extraordinaria sensación, alerta bajo mínimos porque todo te sale bien, yo gusto de creer que de lo que se siembra se recoge más.También hay baches y curvas en el "enrailado", son oscilaciones hacia momentos de nuestra vida en los que inesperadamente, nos suceden hechos dolorosos, se nos agitan los cimientos de la tranquilidad y el sosiego cuando en ocasiones, el destino nos planta cara ante alguna de esas circunstancias, y no podemos hacer nada, no queda más que resignarnos. Las cimas y los descensos también forman parte del trayecto, y si bien la vida es algo maravilloso, para poder valorar cualquier cosa debe haber un diferente, una persona, un ser, una cosa, una sensación, es decir un algo desigual a lo que comparamos. Por ejemplo, si lo que deseamos es ser ricos será porque conocemos la pobreza, o la insatisfacción de no poder tener todo aquello que el dinero a raudales puede comprar, es decir en un mundo solo de ricos, no existiría la palabra rico como concepto, puesto que si todos nadan en dinero no habría a que comparar. Todo es un buscar algún marco de referencia para cotejar lo que eres o tienes, existen los delgados porque hay personas obesas, y feos porque hay guapos, no podría existir alegría si alguna vez no experimentáramos tristeza, ni amor sin el desamor, ni paz sin la guerra, ni médicos para la enfermedad sin la salud como marco de referencia... A veces agradezco al universo la existencia de hasta la última molécula, porque sin todo no habría nada, ya ni les cuento de lo importante que es cada ser humano.  Por lo tanto para mí las cimas son el esfuerzo que realizamos tras la elección, porque elegimos lo que deseamos hacer o ser, siempre, por lo que si queremos ser o hacer cualquier cosa desechamos otras, elegimos. La cima es el esfuerzo para lograr nuestras metas, cualquier meta. La meta: aquello que queremos alcanzar al compararlo con otra cosa que deseamos menos o no deseamos... por lo tanto aquí todos somos necesarios, sin los todos y cada uno, el resto no tendría sentido, pero ese cada uno elige que meta o camino tomar, que maravillosa la vida, "el libre albedrío". Los descensos para mí, son aquellos momentos en los que experimentamos vivencias que no nos agradan, situaciones temporales, esas que existen para que sepamos lo que deseamos y no deseamos, para que podamos elegir entre lo bueno y lo diferente en base a nuestras experiencias de vida. De la vida, de mi vida pasada por ejemplo, no quito ni una coma, ni un punto, nada, tampoco se podría, así que lo dejo y lo quiero todo hasta el último espacio en blanco, porque precisamente mi ayer a modelado mi hoy, así como mi hoy cimenta mi futuro, más simple la nada, no tengo más que echar un vistazo a mi propia vida.
Siendo ese el camino que yo considero cubrimos, cada uno en su tren de vida, pienso que hay que pararse más a menudo, son pocas dos veces, aunque quizá exagero y hubieron más estaciones en su tránsito, seguramente. No obstante hay que detenerse más a menudo, algunas simplemente para bajar del vagón de cola y subirnos en el de máquinas, porque desde ahí se dirige la locomotora, nadie más que nosotros debería gobernarla. No esta mal tampoco, detener la marcha para que suban otras personas unas veces, o para que baje alguna, otras. Para apreciar el viaje, nada mejor que una parada por sorpresa, de esas que te da la vida, para que valoremos un poco más, lo maravilloso de la travesía...
Todo esto, porque creo que su tren paró nuevamente, y hubo ajetreo de gente que subía y otra que bajaba, y además, alguien descendió del vagón "no dirijo mi vida", y se subió en el de "yo elijo"... Ahí va, alegre, llevando su propio tren, que suavemente sin prisa pero sin pausa, se desliza calmo por las vías del que vive presente.

...gracias por tu tiempo de vida...
María Rodríguez




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