miércoles, 13 de julio de 2016

En tiempo de espera, llenar el Tiempo de vida.


 Hoy me sentí filosófica, idealista, hasta un poco metafísica diría yo. Me pregunté ¿cómo se llena el tiempo y de qué? Es decir, lo llenamos unas veces con esperas y otras con acciones, y por otro lado lo llenamos con cosas reales en muchos momentos, y con quiméricas ensoñaciones otros. Ya sé que me van a decir que de todo cabe, lo real y empírico y también lo ilusorio, el tiempo de calma y el de la acción, todo. 

Y es que eso es básicamente vivir, una interacción de diferentes estados de ánimo, de salud, de situación, que obliga por el motivo que fuera a experimentar multiplicidad de vivencias. Cada una de esas vivencias se presenta con unas características propias, y en unas no tan buenas resistimos mientras buscamos una solución o una puerta de escape, o lo que sea que nos haga avanzar y salir de ese momento (tiempo). En otras de talante más agradable, podemos optar por disfrutar de lo que nos brinda la vida, o mejor dicho de lo que hayamos elegido coger de ella (tiempo). Da lo mismo que queramos permanecer en el momento por bueno o dejarlo atrás por malo, todo es tiempo, y en ese tiempo lo importante es lo que cada acción nos hace sentir, y según lo que nos suscita nosotros actuamos. Cualquier cosa puede ser posible, lo inevitable es que siempre se genera un hecho, un resultado directamente proporcional a la circunstancia, y a la vez que este sucede no podremos evitar construir castillos en el aire como dice Alberto Cortez, lo que vendría a ser soñar. Hasta ahí yo razono, quizá equivocadamente pero es mi idea. Mi pregunta va más allá, ¿cómo se llena el tiempo y de qué? Lo llenamos con acciones, pero si no hacemos nada absolutamente, o sea ninguna acción, lo colmamos de igual manera, no se queda vacío o deja de contar en nuestro haber de momentos por vivir, lo tendremos de menos. 
Me dio por pensar que para llenarlo solo hay que estar vivos, hagamos algo o nada, así que al cómo se llena el tiempo la respuesta sería "estando vivo". Otra cosa es de qué lo llenamos, el tiempo digo, y creo que por ahí se presentó mi cuestión, pensé que de lo que más abunda en la cotidianidad de la vida son "esperas". Quiero decir que nos pasamos mucho tiempo de nuestro "Tiempo ", a la espera de aquello que nos hará felices, y mientras eso llega ¿de qué llenamos el tiempo? Se me ocurre que de espera envuelta en acciones, actividades que en su mayoría no valoramos, que mayormente deseamos que pasen para llegar a otras vivencias más placenteras. Me planteo si de alguna manera el ser humano, ese que hace planes y espera tranquilamente a que llegue el momento en que estos se cumplan, digo que sí podría tal vez dicho ser humano cambiar la dinámica esa que tiene, la  de existir solo una parte del tiempo a plena consciencia, hablo sobre todo por mí misma. Está claro que cuando uno hace planes tanto para un evento, como para una situación de vida, acciones que se consideren "hacibles", o sea lo que creemos que nos merecemos o que podemos alcanzar, generalmente no habrá obstáculos. Proyectamos tal realidad al pensarla, pues ya la tenemos como posible, que nos encaminamos hacia ella de cabeza y sin dificultades insuperables la mayoría de veces. Eso es extraordinario, pero mientras conseguimos nuestros objetivos, aquellos para los que nos consideramos aptos, que pasa con nuestro tiempo, ¿dónde se queda cada minuto que gastamos para llegar a las metas? Ya les dije que me había levantado filosófica, ya lo advertí... Por ejemplo, tomemos ese yo me levanto, cuando lo hago mi objetivo es ir a trabajar, que llegue la tarde después de haber ejecutado satisfactoriamente mi jornada laboral, y regresar a casa. En casa soy feliz, me gusta estar con mi familia, con mis cosas... También anhelo la tarde porque muchos días, veo a mis amigas, o voy a caminar, o riego mi jardín, escribo o desarrollo otras actividades de ocio o domésticas que me agradan. 

Eso son planes o proyectos a corto plazo, objetivos, levantarme y pensar en que se pase pronto el tiempo para llegar a otro tiempo mejor, y al cabo del día me pregunto ¿de qué llené el tiempo en la mañana? Quizá de espera, de "no vida", de anhelo por experimentar la tarde que era más de mi agrado. Y entonces me descubro a mí misma perdiendo mi preciosísimo Tiempo de Vida, en un irracional "no vivir" el ahora a la espera de un mejor momento futuro. No sé si el ejemplo les suena, quizá ustedes que son mucho más inteligentes de lo que lo era yo, ya desde hace tiempo descartaron el "no vivir" por la acción maravillosa de disfrutar plenamente cada instante, cada soplo de esa vida. Me recordó a esa frase mil veces leída, " la felicidad no está al final del camino, sino que es el camino mismo". Ya sé que los caminos de cada uno se plantean con una estructura diferente, si bien cada vida es un mundo lleno de bueno y malo, cada ser humano en su individualidad siempre tiene la opción de elegir, no precisamente donde mejor estaría en ese momento, sino más bien como desea sentirse por dentro en cada instante. No me gustaría que nadie se sintiera ofendido porque pareciera que menosprecio la imposibilidad de cambio, o de elección que tienen muchas personas, nada más lejos. Mi cuestión, recuerden, va de porqué esperamos para vivir, si la realidad es que la vida, no conoce de dar tiempo al tiempo. Va de si quizá no deberíamos buscar la felicidad en el ahora, además de en los planes futuros. En definitiva va de que aunque sea de la manera más sutil, deberíamos ser siempre verdaderos consumista de nuestro propio tiempo, auténticos avaros de los segundos que a cada instante nos regala el destino, de eso va mi cuestión, de no vivir en la Luna sino de vivir en la Tierra.

...gracias por tú tiempo de vida...
María Rodríguez