domingo, 7 de agosto de 2016

El deseo de poner fin a esta pesadilla. Incendio en la Isla Bonita - La Palma

Les he dicho muchas veces que vivo en Canarias, una tierra realmente linda, no cabe duda, forma parte de este planeta pródigo en lugares bellos por doquier. Miren, se encuentra este archipiélago más cerca de África que de Europa, además de ser su origen volcánico, y sin embargo las islas más occidentales cubren sus cordilleras y medianías, con un manto de extraordinaria diversidad natural, floresta toda henchida de idiosincrasia propia. Brezos, Paloblanco, Tabaiba, Viñátigo, Acebiño...

Se llama Laurisilva, un conjunto de especies frondosas que humedecidas cada día por el alisio -ese viento bienhechor que viaja incansable hacia el ecuador- muestran el entorno con un aspecto de monteverde que deleita todos los sentidos. Les doy mi palabra de que no miento, de que la belleza es real, de que el alma se reconcilia con el universo sintiendo estos lindos parajes. Reliquia viva de las formaciones vegetales.

Pues verán, desde hace cinco días, una de las islas canarias, La Palma, arde sin tregua. Lo más grave es que ya las llamas se han cobrado una vida, la de un operario de 54 años que ayudaba en las labores de extinción. 
Les contaré que yo vivo en la zona norte de Tenerife, desde donde anoche, sin moverme de la terraza de mi casa, podía ver perfectamente las llamas color rojizo que destacaban en el horizonte. Era una noche oscura que se engalanaba de estrellas, con una bóveda celeste totalmente despejada. En días de buena propagación distingo perfectamente las montañas de la isla vecina, estas solo se encuentra a unos 140 kilómetros. Lo de anoche fue una imagen dantesca a la que mis sentidos no daban crédito, no pude evitar que las lágrimas rodaran por mi cara petrificada ante el horror, ante la certeza de que lejos de extinguirse, aun las llamas avanzaban. Lo cierto es que es la primera vez que veo cosa igual, aquí hemos padecido muchos incendios, incluso algunos se han cobrado vidas, muchas vidas, trágicos momentos que nos hacen sentir el dolor en las entrañas ante la impotencia, ante el imparable y mortífero fuego.Pero aunque uno haya pasado esas experiencias, lo de anoche era primicia de una visión nueva, parecía lava de un volcán, creí ver el crepúsculo de un sol rojizo, unos instantes de incredulidad para entender que de eso no era nada. 
Porque no fue lava lo que vi, ni al astro rey teñido de escarlata postrimera, era fuego, llamas, incendio, una grandísima hoguera... era la muerte en forma de flama, que por donde quiera que pasa va dejando cenizas, desolación, una terrible añoranza, un vacío "inllenable", tristeza... La Palma arde desde hace cinco días, una persona muerta, muchos hogares quebrados, muchos animales acorralados por el fuego en las medianías, cultivos, esfuerzo humano, la pérdida de más de cuatro mil hectáreas de foresta, laurisilva... La Palma arde y todos los canarios, todas las personas de bien, sentimos la tristeza de la pérdida, la empatía del que sufre la agonía, la desolación ante la madre Tierra herida. Hoy es domingo y una de las últimas informaciones ha sido, que evacuaron de forma preventiva a centenares de vecinos de Montes de Luna y Tigalate, estos han sido realojados en hospitales y albergues.
 Así las cosas nuestra confianza esta puesta absolutamente, en esas huestes de personas extraordinarias, que día y noche arriesgando sus vidas combaten sin tregua el incendio que se propaga. Me refiero a bomberos, profesionales y voluntarios, a pilotos de helicópteros y avionetas, a vecinos y otros seres humanos deseosos de ayudar, que anónimamente arriman el hombro lo más grande, asistencias, policías... Confiamos en ellos y en que lo antes posible den fin a esta pesadilla de la que todos queremos despertar.  

...gracias por tu tiempo de vida, por tu visita...
María Rodríguez