martes, 13 de septiembre de 2016

De amor y de arte. Detlev Nitschke

Dicen del arte que es un acto de amor, y que es este el que estimula la armonía entre la mente, el corazón y el espíritu. Cuando hay concordia entre estos tres pilares humanos, la creatividad aflora para deleite de nuestros sentidos. Si observamos, el amor parece el valor humano más completo, no es sólo un deseo, una pasión o un sentimiento intenso hacia otro ser humano, ser vivo o cosa, el tema va más allá. 
El amor es consustancial de muchas acciones en nuestra vida, de la mayoría diría yo, y lo es no siempre con un objetivo marcado.  Cuando alguien toma un pincel en sus manos y plasma en un lienzo su fantasía, las emociones que todos llevamos dentro fluyen. Entre el o la artista y el tapiz emana un sopor de paz, de equilibrio, de felicidad... no pueden evitar que nazca entre ellos algo fraternal e íntimo, un vínculo que se nutre de complicidad amorosa. Así lo veo yo, pienso que el pintor que determina el amor como simiente de su trabajo, trasmite ese amor con su obra, y cuando uno mira se deleita con el acto. 
Decía Picasso que él no pintaba lo que veía, pintaba lo que sentía. De ahí, me supongo la dificultad para explicar con palabras un cuadro. No es solo lo que tiene frente a sus ojos el pintor, sino al mismo tiempo lo que experimenta dentro de sí, lo que cuecen íntimamente sus sentidos, sus deseos su yo personal e inédito. 
La mezcla es tan única que nos permite disfrutar eternamente con este don humano, por muchos cuadros que una haya visto, siempre descubre algo nuevo.
Es cierto que algunas veces al mirar un lienzo no se siente nada, nada nos llega del otro lado, en esas ocasiones no desmerezco al autor, ni a su obra, no se me ocurriría tal falta de respeto. Entiendo que la variedad de sentimientos que genera el ser humano es tal, que para gustos colores y para aromas las flores. Lo mismo que el autor siente, el observador también, y en la diversidad está básicamente lo humano, lo interesante de la especie.
Si un cuadro no me dice nada, también soy feliz y lo disfruto, sé que otras personas encontrarán en él un motivo de satisfacción de regocijo artístico, porque tienen otras preferencias distintas a las mías. Cada vida es un mundo, y cada uno de esos mundos se alimenta de distintas viandas sentimentales. A la hora de saborear el arte de la pintura, nos vemos influenciados por tantos detalles personales, que cada obra es única, como es única cada alma que la disfruta. 
Detlev Nitschke
Detlev Nitschke
Detlev Nitschke
...gracias por tu visita, tu presencia me hace presente...
María Rodríguez