miércoles, 7 de septiembre de 2016

Desde el mirador de Abrante en la isla de La Gomera - Canarias

De siempre he pensado y dicho, que en todas partes existen lugares bellos. Rincones extraordinarios donde el ser humano deleita sus sentidos observando, inhalando,  tocando... en suma, sintiendo en todo su cuerpo mente y alma, esa triada suprema, raudales de gratas impresiones disfrutando de su entorno. A lo largo del tiempo he tenido la oportunidad de viajar, de visitar espectaculares parajes que este planeta heterogéneo, variado, diverso en enclaves hermosísimos, me ofrece sin siquiera moverme de mi casa. Una se emociona al contemplar no solo entornos naturales, también el ser humano ha puesto su mano, para crear verdaderas obras de arte dignas de admiración.
Hace algún tiempo les compartí unas imágenes de un sitio escalofriante, la famosa y espectacular montaña Aleluya, la de la película Avatar. Se encuentra este emblemático parque en China, y para deleite de atrevidos, en lo alto han construido un mirador de cristal que quita el sentido. Yo no he estado en ese país, aunque sé que estaré un día.  Definitivamente, me iré a ese mirador y andaré sobre su cristalino suelo, miraré al vértigo a los ojos y lo intimidaré como una osada valiente. No crean que miento, puesto que muchas veces les he contado del pánico que azota mis sentidos cuando las alturas bordean mi espacio, nada de eso, no miento. ¿Y saben por qué estoy tan segura? pues porque hace unos días, tuve la fortuna de visitar el espectacular mirador de Abrante, y allí viví una experiencia única. 
La Gomera es una isla preciosa, por doquiera que uno mira mientras la visita, no hay más que belleza. Ustedes dirán que no soy objetiva, y no lo soy, no creo en la objetividad pura, pero al margen de mi amor por estas islas maravillosas, por sus entornos, su clima, sus gentes... el espectáculo realmente es divino. Es montañosa lo más grande, vastas cimas que descienden hasta barrancos profundos e inmensos, que cual si fueran las venas de la Tierra, surcan el entorno rasgando el terreno camino del mar. Una se siente pequeña, muy pequeña ante tal inmensidad, ante tanta belleza natural donde la mano del hombre no ha sido la creadora. ¿Saben una peculiaridad inédita que comparten los gomeros? una que usaban para salvar las distancias en esos barrancos tan hondos, las gentes se comunicaban por el silbo, adoptando un lenguaje muy singular con el que conversan sin ningún problema. Hoy es cultura y tradición de ese pueblo, y sus niños lo aprenden trasmitiendo así ese gran tesoro a las nuevas generaciones, que maravilla. Pues lo dicho, después de disfrutar de un acceso bordeado de laurisilva, de mar de nubes con el espectro del Teide al fondo, llegamos al mirador, un edificación humana de cristal, colgado del cielo y sobre el precipicio, de tan solo tres años de vida. Tiene una pasarela de vidrio de siete metros sobre el vacío, desde allí se ve perfectamente el pueblo de Agulo cual si lo estuviéramos sobrevolando en las alturas. Si alzamos la vista y dejamos de mirar a nuestros pies, vemos una impresionante panorámica de la isla de Tenerife al frente, del Teide, envuelto todo en el efluvio de la distancia. 
Aún no me lo puedo creer, pero le di la mano y caminé por el vacío de mis miedos, olvidé el vértigo, el pánico, el pavor, olvidé y solo sentí el momento... Me dijo " si no es por ti no lo hago", y yo pensé "no sabes que tu mano me dio el valor" cómo te quiero. Les recomiendo la experiencia, es una sensación inolvidable, mágica en su esencia, uno se siente colgando en el vacío, caminando en la nada del espacio... Me llenó el momento, me dejo una estela de satisfacción personal, de valía inestimable hacía mi propia persona, que no olvidaré nunca. Creo que uno subestima muchas veces las propias capacidades, el arrojo y la voluntad que encierran nuestros miedos efímeros. Venimos a este mundo a vivir y muchas veces nos limitamos a vagar por nuestra limitada esfera de confort seguro. Nada como atrevernos a cruzar las fronteras de nuestros miedos, nada, porque detrás de los recelos mundanos existe la vida, el simple, mágico y extraordinario acto de romper las cadenas de las limitaciones impuestas por nuestros absurdos recelos. Gracias a la vida por lo que da, espero que cada día de lo bueno, a ustedes y a mí, nos siga dando más. Un cordialísimo saludo a Todas y Todos, a cada uno de ustedes.
  
...gracias por estar ahí...
María Rodríguez