domingo, 11 de septiembre de 2016

En cada atardecer un momento inédito

 "...a sus atardeceres rojos se acostumbraron mis ojos, quiero tener buena vista..." eso decían Los Pecos, un grupo de pop español, hace muchos años. Uno se acostumbra a la presencia de ese cotidiano hecho, pero cada uno, cada atardecer digo, es un nuevo parto de la vida, es inédito en su esencia y su apariencia.

Me gusta dar las gracias en voz alta y clara, cada vez que soy presencia y me percato de que la vida me regala vida, magia, momentos y lugares extraordinarios, por simples y a la vez por grandiosos. Hace unos días me ocurrió algo muy lindo, me pareció una experiencia muy emotiva al margen de lo hermoso del entorno. Yo no soy quien para desmeritar indescriptibles amaneceres, bellas alboradas, mágicas auroras al que a un entorno prodigioso con ganas, acompaña el renacer a la vida de las mañanas. Yo disfruto y me deshago en halagos y linduras, para con los amaneceres al igual que para con los ocasos del día. Pero mi vivencia ocurrió un crepúsculo, de esos que apaga la jornada. Me fui a ver como Lorenzo se perdía con una rapidez pasmosa, por los confines del infinito, allá donde el mar se funde con el cielo. Dejé de pasear por la playa y solo miraba, me pareció extraordinario observar aquel espectáculo, se baja uno del mundo por unos momentos.  Pero si emocionante era ver la decadencia postrimera de Lorenzo, emocionante con ganas también era ver a otras muchas gentes que al igual que yo , miraban el horizonte como hipnotizados por el instante. Me sentí una sola alma con todos aquellos seres, me sentí alineada con la vida en su conjunto. Agradecí mucho aquel instante como agradezco este en el que tus ojos me leen, porque como en aquella playa de mi mística experiencia, aquí también somos una sola alma que disfruta de la vida en absoluta armonía. Buena semana, buena vida para todas y todos.

 ... gracias por ser ...
María Rodríguez