martes, 22 de noviembre de 2016

De amistades y atardeceres. Sur de Tenerife

"Si la amistad desapareciera de la vida, sería lo mismo que si se apagara el sol, porque nada mejor ni más deleitoso hemos recibido de los dioses inmortales"... 


Pues estas palabras, que a mí me parecen tan certeras, las dijo un hombre que murió hace algunos cientos de años. Cicerón fue entre otras cosas escritor, abogado, cónsul, político, como no, también un gran filósofo, amén de un eficiente orador. Eso apunta los libros, porque de los que aquí estamos no lo conoció nadie. Es decir, viene de lejos, de muy lejos el eco de sus palabras, de su historia. Cuando aún faltaba mucho para datar el nacimiento de Cristo, este hombre ya iba y venía por los caminos de Roma. Hay cosas que son como son, que están claras desde el principio de la existencia humana.


Vengo desde hace días dándole vueltas a eso de la amistad, y aunque entiendo que desde los tiempos de Cicerón han cambiado mucho las cosas, en su esencia la amistad es una necesidad humana, tal cual ya lo decía el orador romano. Hoy en día la cosa ha cambiado un poco mucho, el término amistad se aplica a conceptos que se diluyen en la realidad virtual. Tener cientos de amigos en el Twitter o en el Facebook, por poner un ejemplo, parece que es muy importante. Yo no voy a ese sentido del término, en las redes sociales más que amistad me parece a mí que se genera un "Feedback" de información general. Yo pienso que eso no es amistad como tal, en ese ambiente la superficialidad es evidente, o mejor se hace evidente por necesaria. Y esto me parece a mí es por una sencilla razón, son muchas las personas que intervienen, en las redes se mueve casi toda la humanidad hoy en día. 


Es otra amistad, más cercana, de más apego, a la que el filósofo hace referencia, esa es en la que yo he estado pensando últimamente. Yo hablo de esa relación que nace y se hace del sentimiento, esa que perdura al margen del espacio y del tiempo. Esa que alimenta las necesidades de afecto que nos genera el alma desde que somos bien chiquitos, ya desde entonces surge en nosotros ese valor. No las de amor filial o de pareja, esas otras necesidades de tener alguien que nos complemente con una entrega sincera de respeto, atención, comprensión, confidencialidad, fidelidad...Podría añadir muchas más expresiones, muchas, pero no lo creo necesario. ¿Saben por qué no? pues porque la amistad nos puede llegar con el detalle más pequeño así como con la gesta más grande. Es decir, complicado definir con exactitud el término amistad o a la persona que es un amigo, impreciso sería encasillar lo que la amistad nos puede llegar a dar, lo que nos puede aportar a lo largo de nuestra existencia. Eso sí, de lo que no me cabe duda es de que el asunto es cosa de dos, de uno mismo y del otro. Muchas veces se arrima el ascua de la culpa a los demás, en un intento por justificar la propia dejadez, el propio alejamiento, la falla que uno produce.  
También es verdad que a lo largo de nuestra vida van apareciendo unas amistades y muriendo irremediablemente otras. Mientras esto pasa, la suerte nos acaricia brindándonos aquellas relaciones de apego, simpatía y confianza, de algunas personas especiales que parece siempre estuvieron ahí, y siguen estando a nuestro lado. Es difícil encontrar buenos amigos, incluso hay personas que me dicen que es casi imposible. Me puse a pensar si he sido prolija en buenas amistades o tal vez escasearon en mi vida. La verdad es que no me puedo quejar, ha habido y hay personas especiales que llenan innumerables momentos de mi devenir con su agradable amistad, con su importante afecto, apoyo, empatía, con su amistad. Considero que sin su presencia en mi vida yo sería otra persona, y es que yo soy social hasta las trancas.  Pero entonces al mirar lo que esas personas han aportado a mi vida, a mi evolución, me asalta una pregunta crucial, una cuestión de vida ¿acaso yo he estado a la altura? Y realmente, ¿qué es más difícil, encontrar buenos amigos o ser uno mismo, buen amigo?

...un placer saberte ahí...
María Rodríguez