domingo, 9 de abril de 2017

Me puso un reto. Tiempo de aromas

Saben lo que me dijo: explícame a qué huele el amor... y ahí lo dejó. Y es que no pude evitarlo, mi respuesta voló veloz al universo de los pensamientos espontáneos. Lo tenía clarísimo, el amor huele al ser que amas... el amor huele al lugar que amas... asimismo además nos trae aromas del dios al que se ama, o al de la energía esa en la que creemos y a la que de plano nos sale amar.
Y entonces me vino otra pregunta, ¿y cómo saber quién es ese ser, ese lugar o ese dios, esa energía? Muy fácil pensé, no puede tratarse de otro, tiene que ser aquel dios, energía, lugar o ser, que da felicidad a mi propio haber. Esto es una opinión muy personal, muy mía, muy de María, yo solo soy aprendiz de cada instante de vida, de la experiencia misma. Lo que quiero decir es que si pienso en el amor, se me vienen a la cabeza personas a las que amo y me aman, me hacen feliz, el amor me huele a ellas... animales que dejaron una huella imborrable en mi existencia con su presencia, llena esta de ternura y de vínculo, de aromas de amor... lugares en los que he sentido deleite a raudales, enclaves bellísimos en su estado más natural y salvaje, o simplemente  en su estado, exhalan aromas que ya siempre me traerán reminiscencias de amor... y si existe un dios o energía, o como se quiera llamar, no los concibo más que como infinito amor, fragancias a fe, a ilusión, a consuelo, a momentos cargados de emoción. Y es que el amor en estado de sana naturaleza se envuelve de infinitas esencias, de incontables perfumes.
Pero ¿saben qué?, yo creo que quizá el reto que me hizo iba también por otro camino. Cuando me dijo "explícame a que huele el amor", creo que se refería también a otra cuestión. Intuyo que aludía no solo a un olor empírico, a las fragancias conocidas ya, no. Yo pienso que me reta quizá además a una respuesta más subjetiva. El amor en otro plano, el de la conciencia, el que es y permanece en el mundo atemporal e impersonal, en un marco no circunstancial, está en la vida y para la vida.  
Realmente es todo un desafío separar amor de sentimiento, pero si quiero atisbar a que huele ese Amor, debo dejarlo solo. Que no esté subyugado a cambios según vaya dirigido a diferentes seres humanos, o a otras cuestiones. El amor con mayúsculas, el que existe envolviendo la nada y el todo, ese, ese para mi rebosa aromas de paz, esencias de lo verdadero... huele a estado de conciencia permanente, a percepción de presencia en el instante presente. Huele al viento, viajero incansable que no tiene fronteras y va más lejos de lo establecido, más allá de lo instituido. El amor tiene fragancias de momentos maravillosos enmarcados por la sencillez más natural, más simple y original. El amor huele a vida.
Desbordada por el propio sentido que quiero dar a mis palabras, soy incorregible. Y es que yo creo que me atrevo con desafíos para mentes más preparadas que la mía, referir el olor del amor no es tarea baladí. De cualquier manera me lo preguntó, he aquí mi respuesta, no sé qué opinaran ustedes. 

María Rodríguez 
Gracias y un saludo.