Vista panorámica de Wineglass Bay en el Parque Nacional Freycinet, Tasmania, con la playa de arena blanca en forma de media luna, aguas turquesas y montañas cubiertas de vegetación al fondo.


Hay lugares que no se visitan solo con los pies. Hay lugares que se respiran, que se sienten, que se quedan contigo mucho después de haberlos dejado atrás. Freycinet National Park y Wineglass Bay, en la costa este de Tasmania, es uno de esos lugares. Un refugio natural donde el cuerpo baja el ritmo, la mente se aquieta y algo dentro —eso que siempre va con prisa— por fin se sienta a descansar.

Hay duelos que no se cierran. No porque no se quiera, sino porque la vida no siempre permite un final limpio. Personas que se van sin despedida, etapas que terminan sin una última conversación, vínculos que desaparecen pero siguen viviendo dentro. Con el tiempo aprendes a funcionar. Trabajas, hablas, sonríes. Pero hay una parte de ti que se queda en suspenso, esperando un silencio que le permita acomodar la ausencia. El Freycinet National Park, en Tasmania, es uno de esos lugares donde ese silencio existe. No cura. Pero acompaña.


Un paisaje que no pide explicaciones

Freycinet no intenta impresionarte. No abruma. No se impone. Está ahí, con sus montañas de granito rosado, su vegetación densa y un mar que cambia de tono según el día, como cambian los recuerdos según el ánimo. Hay lugares que te distraen del dolor. Este no. Este te permite sentarte a su lado.

Quizá por eso, al llegar, no sentí euforia. Sentí algo más honesto: descanso. El tipo de descanso que aparece cuando dejas de hacerte preguntas que no tienen respuesta. Una bendición que el amla agradece.

Playa de Wineglass Bay en el Parque Nacional Freycinet, Tasmania, con arena blanca, aguas cristalinas en tonos azules y verdes, y montañas cubiertas de vegetación al fondo.


¿Dónde está Freycinet National Park y por qué se siente distinto?

El parque se encuentra en la costa este de Tasmania, a unas dos horas y media de Hobart. Es uno de los parques nacionales más antiguos de Australia y un territorio profundamente respetado por el pueblo aborigen palawa, que lo habitó durante miles de años. Quizá por eso aquí todo parece tener memoria.Y quizá por eso el silencio no incomoda. En Freycinet nadie te exige estar bien. Eso, cuando vienes arrastrando un duelo, es un alivio inmenso.

Wineglass Bay: la belleza que se alcanza paso a paso

La joya más conocida del parque es Wineglass Bay, una bahía perfecta, con forma de copa de vino vista desde lo alto. Su imagen ha dado la vuelta al mundo. Pero la foto no cuenta lo esencial. Para llegar al mirador hay que caminar. Subir. Respirar hondo. Parar a veces. El sendero no es extremo, pero te recuerda el cuerpo. Y eso, cuando has pasado por una pérdida, tiene algo de simbólico: volver a sentirte viva, viva de verdad, no solo funcionando. Mientras subía, pensaba en todo lo que no se dijo. En cómo el cuerpo sigue avanzando incluso cuando algo dentro se quedó atrás.

Cuando el esfuerzo ordena lo que la mente no puede

Desde el mirador, Wineglass Bay se abre como una revelación tranquila. No te golpea. No te sacude. Simplemente está.Y en ese estar, algo se acomoda. Hay duelos que no necesitan respuestas, sino espacio. Espacio para mirar sin pensar. Para dejar que la ausencia tenga forma, aunque no nombre. Bajar hasta la playa exige un poco más. Y al llegar, al pisar esa arena blanca, entendí algo sencillo y difícil a la vez: no todo lo que duele tiene que resolverse. Algunas cosas solo necesitan ser aceptadas.

El agua fría y la verdad

El mar en Wineglass Bay está frío. No engaña. Te metes sabiendo que va a sacudirte. Y aun así, entras. A veces el duelo es eso: aceptar el frío sin dramatizarlo. Respirar. Sumergirte un poco. Salir cuando el cuerpo lo pide. No nadé mucho. No hacía falta. Me senté, miré el horizonte y dejé que el tiempo pasara sin aprovecharlo para nada productivo. Hacía años que no hacía eso sin sentir culpa.

Freycinet como refugio, no como escapatoria

Este no es un destino para huir del dolor. Es un lugar para convivir con él sin ruido. Parejas caminan en silencio. Personas solas miran el mar durante largos minutos. Familias bajan el tono de voz sin darse cuenta. Aquí nadie compite. Nadie corre. Freycinet no promete transformación. Promete algo más honesto: presencia.

Consejos prácticos para visitar Freycinet National Park

¿Cuándo ir?

De noviembre a abril los días son más largos y templados. El invierno, aunque más frío, tiene una quietud especial, casi meditativa.

¿Qué llevar?

  • Ropa cómoda y abrigo ligero
  • Calzado para caminar
  • Agua y algo de comida
  • Protector solar
  • Tiempo (esto es importante)

¿Dónde alojarse?

Coles Bay ofrece desde campings hasta alojamientos tranquilos con vistas al mar. Si puedes, quédate dos noches. Freycinet no se entiende en una visita rápida.

Cuando el duelo no se cierra, pero se vuelve habitable

No todos los viajes sirven para tachar destinos de una lista. Algunos sirven para hacer sitio dentro. El Freycinet National Park no me quitó el duelo. Pero me enseñó que podía caminar con él sin que pesara tanto.Y a veces, eso es suficiente